LA MÚSICA DISTANTE DE JAVIER DÍEZ

Vivimos en distopía. 2020 ha traído meses de distancia social y prohibiciones. La vida se contiene a sí misma. Al menos, lo intenta. Pero la mente siempre encuentra grietas en las limitaciones por las que podemos fluir. Si hay alguien que domina la distancia al servicio de la creatividad en este país es Javier Díez Ena. Este veterano músico se ha destacado en domar el único instrumento en el mundo que se toca sin contacto: El theremín. Un instrumento que encaja perfectamente en la misma ciencia ficción en la que luchamos por sobrevivir.

Foto de javierdiezena.com

LEVITACIÓN MUSICAL

Un científico creó la excepción en música. Su nombre era Lev Sergeyevich Termen (Leon Theremin para occidente) y estudiaba cómo detectar el movimiento a través de las ondas. Todo ello impulsado por el gobierno ruso de Lenin. En 1919 su idea tomaba forma. Leon apreció que se generaba una frecuencia sonora diferente cuando intervenía un cuerpo dentro del campo electromagnético de su invento. Esto le llevaría al theremín, gracias a su especial inclinación hacia la música. Se creaba el primer instrumento electrónico de la historia. Poco tiempo después, Lenin mandaba a Leon de gira por toda Europa para mostrar la excelencia de los inventos rusos, con el esplendor de una estrella de rock. Llegó a tocar en lugares emblemáticos como el Albert Hall de Londres o la Ópera de París. Allí donde fue dejó hondas impresiones.

Leon Theremín ante su invento

El theremínes el único instrumento que emite música generada al agitar las manos en el aire. Esa suspensión debe ir con una rígida posición del cuerpo que no distraiga la afinación. Lejos de ser sencillo, requiere resistencia física y una concentración muy elevada. En el Theremin todo comienza con la vibración que se genera en su armazón con un complejo sistema de válvulas y bobinas. Esto da lugar a una corriente eléctrica que crea un campo electromagnético. Física pura. Las manos del intérprete buscan en el aire las notas.

Javier Díez ha dedicado casi dos décadas a dominar esa levitación musical. Y seguirá sumando. A día de hoy este intérprete destaca internacionalmente. Y no es de extrañar. Es un músico consagrado con dieciocho años de experiencia grabando discos, no digamos sobre las tablas. Multinstrumentista, aunque se ha focalizado en el contrabajo y el theremín. Es miembro de los grupos Dead Capo, L’Exotighost, Ginferno y Forastero. Formó parte de Insecto; Phono; la banda de Ainara LeGardon; y la de Aaron Thomas.

Javier Díez en su charla TEDx Madrid

Paremos a respirar.
¿Ya?
Continuemos.

Ha participado en más de una treintena de referencias discográficas. Fue uno de los fundadores en 2001 del sello discográfico Pueblo Records. Ha colaborado con un gran abanico de intérpretes y otros artistas del teatro y cine. Por no hablar de su inclinación musical dentro de su labor periodística. Por todo ello merece la pena conocer quién es Javier Díez y qué supone ese instrumento inclasificable sacado de un laboratorio.

LA PERIFERIA DEL MOVIMIENTO MÍNIMO

La primera vez que vi a Javier Díez tocaba tras el periodo de confinamiento de la primera mitad de este 2020. Ofrecía un concierto en un lugar emblemático dentro del corazón de Sevilla: El palacio de los Marqueses de la Algaba. Allí, frente a las filas de asientos distantes, precauciones por delante, estaba su theremín y pedalera de efectos. Una semana más tarde me demostraría la cercana amabilidad que le es innata a la hora de facilitar esta entrevista.

ALBERTO: Hola, Javier. Uno asoma a ese historial como músico, como creador y divulgador musical y es inevitable que la primera pregunta mire hacia atrás. Me encantaría saber cómo te encaminaste en la música. ¿Ya venía marcada esa inclinación en la infancia?

JAVIER: La música me acompaña desde pequeñito pero la voluntad de ser músico vino bastante después. La primera iluminación musical sucedió con unos 9 años, vi un documental en la tele sobre los Beatles y oír esos temas me hipnotizó. Noté algo dentro que nunca había sentido, como un frenesí interno, una emoción que comenzó a vibrar y que ya nunca ha dejado de hacerlo.

Aquellos casetes de The Beatles

En mi siguiente cumpleaños pedí como regalo a mi abuela tres casetes de los Beatles y durante todo el año siguiente aproveché cada siesta de mi padre para escucharlas embobado en su despacho, donde estaba ubicada la única pletina disponible en la casa. Por entonces tocaba un poco la melódica y la flauta pero sin mucha continuidad. Ya nunca dejaría de escuchar música.

La siguiente iluminación fue la banda sonora de “American Graffiti” y mis primeros vinilos de Buddy Holly, Chuck Berry, etc. Después llegaron los Beach Boys. A su vez, mi primera intrusión moderna sería en 1986 cuando apareció el hip-hop en mi vida a través del breakdance. Más tarde, algo de más calado emocional en mi adolescencia fue el punk y el hardcore, que fueron la banda sonora de aquella época. Luego el funk y el jazz. Ahí es cuando siento la necesidad de tocar la guitarra eléctrica.

Foto por Álvaro Sanz

Ahorré durante dos años hasta que a los 15 años, en 1989, me pude comprar una, la más barata que encontré. Un par de años después recibí clases de guitarra y ya empecé a tocar en bandas. Mi primer concierto fue en 1993 tocando la guitarra con la banda Frogger. Por esa época decidí cambiar al bajo eléctrico. En 1998, con mis dos primeros sueldos, me compré un contrabajo y me apunté a clases en las que  además el profesor me enseña a leer solfeo, a tocar standards de jazz, etc.

Ese es el punto en el que por primera vez me siento músico, coincidiendo con el hecho de que empiezo a tocar con Dead Capo, mi verdadera universidad musical. Ahí comprendo la utilidad y libertad que da el conocer el lenguaje musical y trabajar en el dominio de tu instrumento.

EL SURGIMIENTO DE UN THEREMISTA

ALBERTO: Conforme confesaste en otras ocasiones, conociste el theremín a mediados de los años noventa, de forma azarosa, incluso podría decirse que escalonada. El directo de Man Or Astroman?; la confusión de creer que el tema “Mysterions” de Portishead lo integraba; al identificar el theremín de Lydia Kavina en la película “Ed Wood” de Tim Burton; o al leer el libro “Incredibly Strange Music”. ¿Cómo recuerdas sentirte al ir investigando ese particular instrumento que es el theremín? ¿Llegó a ser una especie de obsesión?

JAVIER: La verdad es que, para serte sincero, no sentí que fuera una obsesión. Al principio fue uno más de los muchos descubrimientos que iba acumulando en los noventa. Por entonces yo andaba mucho más obsesionado con otras cosas. Me metí en el theremín poco a poco y casi cuando me quise dar cuenta estaba bien metido en el asunto cuando ya lo tocaba en los dosmiles.

Pero no recuerdo que hubiera un esfuerzo de investigación obsesivo por mi parte como sí lo hubo, por ejemplo, con algunos estilos de música. Algunas vertientes del jazz (sobre todo lo que ha salido de la escena del downtown de NYC) el Psychobilly o la Exótica, que son estilos a los que he dedicado mucho tiempo de investigación física y virtual y cierto afán completista. Más que obsesión con el theremín sentí que todo me iba abocando a ese instrumento, todo lo que citas y muy especialmente cuando a finales de los noventa lo vi en las páginas del “Incredibly Strange Music”, ese libro tuvo una gran influencia sobre mí.

Una vez que tuve un theremín en mis manos lo mío fue cabezonería por aceptar el reto e invertir muchas horas al principio para conseguir tocar en el aire aunque los primeros meses me parecía algo imposible.

Foto de javierdiezena.com

ALBERTO: En 2004 consigues hacerte con un theremín. Antes de ese momento supongo que tuviste contacto o viste de alguna manera a otros músicos que interpretaban con él. ¿Te hacías por entonces una idea del esfuerzo que se requeriría para dominarlo?

JAVIER: La verdad es que lo que vi en los noventa fue gente utilizándolo más como efecto llamativo que como instrumento propiamente dicho, por ejemplo los citados Man or Astroman? o Jon Spencer Blues Explosion. Luego vi el documental “Theremin an Elctronic Odyssey” y ya descubrí el instrumento en su esplendor al descubrir a Clara Rockmore en acción. Y no, la verdad es que hasta que no te pones delante de uno no te haces idea de lo tremendamente difícil que es tocarlo.

ALBERTO: ¿Cómo te iniciaste en los ensayos de theremín? ¿Fue más o menos autodidacta al principio o buscaste alguien que tutorizara esa base?

JAVIER: Autodidacta, basándome en lo que recordaba del documental sobre Leon Theremin. También en cosas que iba leyendo en el foro “Theremín Hispano”, que fue básico para los que empezamos por aquella época en la que no existía ni YouTube ni redes sociales salvo MySpace, que no tenía vídeos. En 2005 me enteré vía “Theremín Hispano” de la visita de Pamelia Kurstin a Madrid. Me dio una clase particular en la que aprendí mucho, y en la cual decidí ser theremista zurdo como ella, siendo contrabajista diestro, también como ella. Ahí está el truco. Ver su increíble concierto en la casa-taller de Justo Bagüeste fue algo decisivo, inspirador y muy influyente para mí.

Pamelia Kurstin
– Foto por ted.com

Después he podido recibir clase puntualmente de las otras dos grandes theremistas de las últimas décadas como son Lydia Kavina y  Carolina Eyck. La verdad es que en el theremín hay poca unificación de técnicas. Hay fantásticos theremistas tocando con técnicas rarísimas y muy personales como Dorit Chrysler o Pippo Papardelli, conocido por tocar con Vinicio Capposella o Mike Patton.

ALBERTO: ¿Y ahora cómo son los ensayos una vez adquirida la técnica?

JAVIER: La técnica ahí está. Lo que yo hago es un popurrí de lo que he podido aprender de estas tres virtuosas y una técnica mía producto de tantos años practicando libre y sin vigilancia académica.

Después de esos años la técnica que más utilizo es la de Carolina Eyck y algunos trucos de mi cosecha sobre todo la manera de realizar el vibrato. La verdad es que tocar el theremín es un reto siempre, pero más cuando dejas de tocar durante unos días o semanas. Y más todavía cuando por circunstancias no he tocado mi repertorio de Theremonial en un tiempo y hay que  ponerlo a punto para un próximo concierto.

Es muy complicado porque no solo se trata de afinar en el aire sino de hacer correctamente los loops, acordarte de todas las partes, en el orden correcto de efectos. Eso requiere días y días para volver a estar más o menos fino para defenderlo en directo.  Es decisión propia, he optado por un camino muy complicado. Si tocar el theremín ya es algo muy difícil y sufrido, mi proyecto riza el rizo de la complicación, soy consciente de ello.

ALBERTO: Más allá de lo mencionado, ¿qué influencias iniciales tuvo respecto al theremín?

JAVIER: Lydia Kavina, por ser mi primera escucha consciente de un theremín en 1994, viendo Ed Wood en un cine. Ella tocaba en la banda sonora de Howard Shore. Carolina Eyck porque la clase que me dio me cambió la técnica y me facilitó algo más las cosas.

Cartel de Ed Wood
– Foto por filmaffinity.com

Más allá de ellas me marcaron también Randy George por lo fácil y grácil que toca; Armen Ra por su actitud escénica tan decidida; Barbara Buchloz por su actitud innovadora; Dorit Chrysler por ser valiente en su apuesta, tener las orejas bien abiertas y por todo lo que ha hecho por el theremín a través de la NY Threremin Society. También me marcó mucho a nivel experimental y textural Anthony Ptak, con quien además tuve el placer de tocar e improvisar en directo en 2007 cuando visitó Madrid. Ptak fue tan generoso que para devolverme la jugada me montó para finales de ese año varios conciertos en salas de Nueva York como el Galápagos Art Space.

Memorias imposibles de Theremonial 2

ALBERTO: Me encantaría saber cuál es tu relación con la música que extraes del theremín. Es decir, ¿qué sientes que expresa? ¿Cómo te vuelcas como autor?

JAVIER: Depende de lo que esté haciendo. Cuando grabo mi música de theremín y la escucho siento una libertad enorme al poder trabajar con texturas y timbres tan diferentes a todo, me permite salirme de los cauces normales y crear fuera de lo establecido. 

Foto de javierdiezena.com

Cuando defiendo esos temas en directo se convierte en una mezcla extraña de libertad al tocar en el aire y reto infernal por la concentración extrema que necesito al tener que armar todo ese edificio de loops, que todo encaje rítmicamente y más o menos melódicamente. Es un reto total al jugar a varios niveles, afinando en el aire y a la vez pulsando pedales y botones con los pies constantemente. Y todo sin poder mover el cuerpo ni un milímetro porque se va por completo la afinación.

Y luego está la que verdaderamente puede ser la sensación más libre tocando el theremín que es cuando improviso por completo y me dejo llevar, algo que hago a menudo en privado pero también he hecho bastantes veces en directo, algunas veces musicalizando en directo proyecciones de películas. Me encanta esa sensación de zarpar con una nota, ir creando texturas y dejarte llevar.

VIVIR EN LA DISTANCIA SOCIAL Y MUSICAL

ALBERTO: Volviendo al pasado más inmediato, estos meses de confinamiento han desembocado para muchos artistas de diferentes formas. Hay quienes no han parado de trabajar y otros no podían concentrarse. ¿Cómo has llevado el confinamiento?

JAVIER: Para mí cualquier confinamiento puede ser muy provechoso. Así empezó siendo este. Lo que pasa es que, aparte de mi actividad musical, tengo un trabajo digamos convencional, que normalmente es solo a media jornada pero al convertirse en teletrabajo ha excedido mi horario y me ha tenido muchísimo más ocupado de lo que hubiera querido.

Aún con todo, he aprovechado bastante. He grabado varias colaboraciones de theremín en discos diversos que me habían propuesto; he hecho un  miniconcierto de theremín exótico en  IGLive para mi querido Tiki Chateau; otro concierto de theremín por encargo de la Casa Encendida; otro encargo particular para grabar a distancia dos temas junto a Víctor Coyote, por petición del Festival Romería y Desengaño de Huesca, en el que ambos íbamos a actuar en abril. 

También he acabado de armar un nuevo y futuro proyecto de theremín más volcado en la música de baile, del que de momento no puedo dar muchas más pistas pero sí que será mi siguiente disco. Y he escrito nuevo material para L’Exotighost. Ciertamente he dormido poco en este confinamiento.

ALBERTO: Con todas estas restricciones sociales, especialmente con el aislamiento, ¿cómo ha sido ensayar con un instrumento que representa tan bien esa necesidad de impedir el contacto físico?

JAVIER: (Risas) Perfecto, lo más apropiado para estos tiempos. Ha habido muchas bromas y memes en ese sentido.

Uno de los memes de Twitter

ALBERTO: Por otra parte, en estos meses hemos “espiado” las casas de mucha gente gracias a las redes sociales. Han desfilado bibliotecas, instrumentos musicales, rutinas deportivas, etc. ¿Cuál ha sido tu refugio en esos meses? ¿Algún disco, libro o alternativa que desees recomendar porque te han ayudado este tiempo a evadirte o concentrarte?

JAVIER: Aparte de encargos, conciertos y avanzar en distintos proyectos míos la verdad es que las primeras semanas, antes de que el teletrabajo se disparara, aproveché para leer mucho. Por ejemplo, un libro muy relajante es “De animales y plantas” de Ida Vitale. Releí otro que es todo lo contrario, por su visión apocalíptica,  como es el clásico de ciencia ficción “Picnic Extraterrestre” de los hermanos Strugarski. También leí el libro “Techno rebelde, un siglo de músicas electrónicas” de Ariel KyrouE.

“El nadador” de Frank Perry

Por otro lado, he aprovechado para ver mucho cine. Cada madrugada después de mi dedicación a la música me veía media película. Me he puesto al día en muchas pendientes del año pasado y también mucho terror reciente. He aprovechado para ver las dos maravillas de Ari Aster, “Hereditary” y “Midsommar”, y otras como “El hijo” o “It follows” que me han gustado bastante. También he vuelto a ver un montón de pelis del director Jack Arnold que hacía por lo menos veinticinco años que no veía como “La mujer y el monstruo” o “Vinieron del espacio”, por cierto con maravillosa banda sonora con theremín y participación de Mancini.

Si tuviera que recomendar algo de todo lo que he visto me decantó por “El nadador”,  un clásico de culto que me ha calado mucho y que es desde ya para mí una de las pelis con mayor simbolismo y más trasfondo metafísico de todas las que he visto.

ALBERTO: Desconozco si el primer concierto para presentar “Theremonial 2 fue en Sevilla. No obstante, me gustaría saber cómo te sentiste tras el primer concierto post-Covid, con tanta distancia social, y cómo ha ido la repercusión de este álbum.

Concierto post-Covid en Sevilla
Foto por Alberto Revidiego

JAVIER: Antes del confinamiento tuve tiempo de presentar “Theremonial 2” en  Madrid, en Arnedo y en Varsovia, un periplo curioso. El de Sevilla sí que fue mi primer concierto post-Covid. Fue especial el concierto de Sevilla, por el sitio, por quien lo organizaba (L Suite) y por la buena respuesta del público. El tema de la distancia no me resulto extraño, esa distancia para el theremín  me viene fantástica, ya que siempre deba haber al menos un metro y medio mínimo sin que haya nadie cerca delas antenas, para que no afecte a lo que estoy tocando.

Su último disco de puro theremín

La acogida ha sido buena e inevitablemente diferente. Por ejemplo, la presentación en Madrid fue muy especial, toqué en  una sala de cine de la Gran Vía  con pantalla grande para los visuales, vinieron muchos amigos y gente de la música. En Arnedo vino gente del pueblo con mucha curiosidad y luego me hicieron muchas preguntas y compraron discos. En Varsovia fue en el Instituto Cervantes, todo más solemne. Y en Sevilla fue como un compendio de todo lo anterior y con mezcla total de edades, por lo que pude ver.

ALBERTO: ¿Deseas hacer alguna reivindicación como músico en esta situación que estamos viviendo en España?

JAVIER: Sí, por supuesto. Es doloroso conocer de primera mano las apreturas y exigencias extremas que se piden para organizar un concierto y para otro tipo de reuniones no se contempla ni se estudia apenas medida alguna. Los programadores tienen que hacer equilibrios dificilísimos, con las distancias, con los aforos, con las cuentas y con unos protocolos extremos mientras que en las terrazas la gente se aprieta sin mascarilla. Y no digamos ya en los transportes, codo con codo durante horas en un espacio cerrado.  Para acto sangrante y doloroso de verdad… acabo de enterarme de que en Puerto de Santa María se ha hecho una corrida de toros con miles de personas ocupando el aforo normal y sin ninguna distancia.

Foto de javierdiezena.com

VIAJE DE IDA HACIA LO EXTRAÑO

ALBERTO: Apreciando la música generada con otros proyectos como Dead Capo, L’Exotighost, Ginferno o Forastero, y sin ánimo de que se malinterprete la pregunta,  ¿de dónde viene esa inclinación hacia lo extraño, lo diferente y posible?

JAVIER: Realmente has dado en el clavo. Es así, desde siempre me ha interesado lo que está fuera del foco.  Si me gusta un estilo o movimiento, me apasionan los orígenes, cómo surge, quién sienta las bases. Cuando veo que ya se ha creado una escuela y empieza a haber gente que copia a otra gente me empiezo a cansar. Sin embargo, si veo algún destello diferente, alguien que incorpora una visión propia aunque sea una chaladura, ahí que me voy.

Inevitablemente me interesa lo heterodoxo. Todos los proyectos y grupos en los que he estado involucrado de manera personal se salían del surco y siempre incorporaban elementos discordantes o ubicados de manera no prevista, tratando de aportar un prisma propio y personal. El precio que pagas, especialmente en un país como España, es que muchas veces no saben ni cómo definirte ni cómo asumirte. Pero es solo música y mucho trabajo detrás. Quienes se han dejado llevar (sea público, programadores o críticos) lo han disfrutado.

Mi último proyecto, L’Exotighost, es un acercamiento personal a la Exótica, pero ¿para qué iba a hacer algo de Exótica estricta, tratando de seguir el canon que estableció  de manera magistral Martin Denny? Prefiero resultar extraño tratando de encontrar mi voz que asegurarme el camino siguiendo parámetros ya muy marcados.

Oigo mucho eso de “la originalidad está sobrevalorada”. Ojalá fuera así, ojalá se valorase y sobrevalorase. Yo sí que creo en la originalidad, conseguida o al menos intentada si viene respaldada  de algo más claro. Hacer de manera honesta la música que sientes al precio que sea. 

Aparte de música que puede resultar rara, oigo mucha música del pasado asumida como histórica y canónica,  mí me encanta el Rockabilly, el Surf, el Rhythm & Blues, el Ska, Dub, Rocksteady  y decenas  de estilos del pasado, pero no me interesa oír un calco de un estilo con las formas y  trucos clavados a como se hacía 50 o 60 años. A mí me interesa oír como reinterpreta una persona del siglo XXI esos sonidos.  Hacerlo igual (o peor) es una pena.

ALBERTO: Muchos, cuando oyen al theremín en concierto, lo primero que les viene a la memoria son las películas de ciencia ficción, etiqueta que injustamente se le atribuye en exclusiva, porque oferta muchas opciones en otros ámbitos.  ¿Cómo dirías que ha influido e influye, a grandes rasgos, el theremín en la cultura popular?

La gran Lydia Kavina interpretando el tema principal de la afamada serie de ciencia ficción “Doctor Who”.

JAVIER: Ha influido mucho pero de una manera diría subrepticia e inconsciente. Casi todo el mundo ha oído alguna vez un theremín en su vida, o un teclado tratando de imitar a un theremín, pero solo una pequeña parte conoce el instrumento. Sin embargo la utilización del theremín como instrumento generador de un estado alterado o paranormal ha sido un éxito ya que todas esas películas, especialmente las previas a la explosión de Sci-Fi no hubieran sido lo mismo si no se hubiera empleado un theremín (por ejemplo, “Recuerda” o “Días sin huella”).

ALBERTO: La inclinación hacia lo diferente se aprecia con otros proyectos como L’Exotighost, ¿cómo surge y a qué se encamina? ¿En qué punto están tus proyectos paralelos como L’Exotighost?

JAVIER: Hace años que siento un amor muy especial por la música exótica. Su influencia se había ido filtrando en Dead Capo, por ejemplo en el tema “Sunny garcía”.  Igual en Ginferno y más claramente en el primer “Theremonial”. De hecho, hace años Miguel Escobedo, quien fundó el primer bar tiki real que se abrió en Madrid, el Kona Lei (actualmente regenta el maravilloso Tiki Chateau), me propuso tocar en el bar el theremín. Sería en 2013 y ahí es cuando entró en acción la ecuación  theremin + exótica.

Se me ocurrió que si tocaba con el instrumento esas melodías de pentatónica mayor con ese toque tan oriental podría quedar muy bien. La idea progresó hasta materializarse en “Theremonial” y en L’Exotighost después, donde el theremín tiene un rol importante pero no más que el resto de instrumentos. No puede dejar de sentirme afortunado por contar con María Arranz y su marimba, las baterías y percusiones de Ricardo Moreno o el shamisen, lapsteel, guitarra y ukelele bajo de Juan Pérez Marina.

Tener una banda de exótica es un sueño hecho realidad. Además de sentirnos muy bien como banda en lo musical y en lo personal, el disco ha funcionado muy bien, se ha vendido la primera tirada y se ha tenido que reeditar. Estamos muy contentos con nuestro sello Everlasting Records y con el apoyo en el booking y management de Edu Giradiscos. Además tenemos distribución en USA vía Hi-Tide Recordings e incluso hemos recibido la enhorabuena de parte del mismísimo Otto Von Stroheim, el gran capo de toda la cultura tiki actual. Los planes consisten ahora en ponernos manos a la obra para darle continuidad al primer disco.

L’Exotighost
Foto de javierdiezena.com

LAS CARTAS SOBRE LA MESA

ALBERTO: Me gustaría saber qué equipo has usado para este “Theremonial 2”. Ya con el primero empleabas tu Theremin Moog Etherwave Pro y el Theremin Etherwave Standard. Imagino que reinciden, si no es así por favor corrígeme. Pero en cuanto a pedalera me interesa especialmente saber con lo que jugaste. Porque, más allá de los loops, se aprecian cómo intervienen efectos de delay o de modulación.

JAVIER: En la elección de theremines para este disco influyó el hecho de que el Moog Ew Pro que había utilizado siempre en directo sufrió un desgraciado accidente tras un concierto y tardó muchos meses en poder ser reparado. Fue una odisea hasta que logramos encontrar repuestos.

Los primeros temas que grabé los hice con un theremín artesano Subscope hecho por encargo por el luthier alemán Dominik Bednarz. La pedalera de loops también ha cambiado, ahora utilizo en disco y en directo una Boss Rc-505, muy popular entre los beatboxers. El único impedimento es que está hecho para tocarlo con los dedos de la mano, lo cual me ha obligado a tocar descalzo y aprender a manejarlo con los dedos de los pies. En este disco he utilizado una gama de delays mucho más amplia que en el anterior, gracias al pedal Eventide H9 Max que es una maravilla.

ALBERTO: ¿Qué opinas de los polos opuestos que suponen el theremín y el autotune en el panorama actual? Por un lado está la dificultad para buscar las notas en uno y por otro la facilidad de encajar armonías con aquel programa, gracias al pitch correct. Actualmente el gran triunfo del autotune está impuesto en muchos estilos de música, democratizando el canto en general, y tu apuesta por el theremín es casi un ejercicio quijotesco frente a esa actitud.

JAVIER: Pues no lo había pensado la verdad, pero ahora que lo dices estoy de acuerdo en que es bastante quijotesco lo mío si lo comparamos.

Por un lado, está el autotune disimulado que corrige cualquier desafine sin que se note mucho y está presente en casi todos los estudios y en muchos set ups de directo de tanta gente y, por otro lado, está el autotune pasado de rosca más o menos creativo tan usado en el trap. En cualquiera de los dos casos no es imprescindible ser una gran cantante.

Dedicarte en estos tiempos al instrumento más difícil de afinar tiene su sorna. Además es que incluso Moog sacó hace unos años un pseudo-theremín llamado “Theremini” que incorporaba autotune y podías programar las escalas que sonarían tan solo moviendo las manos en el aire, sin más. Una absurdez porque le quita la gracia y el sentido a este instrumento. Realmente ese cacharro se hizo muy impopular entre los theremistas.

ALBERTO: En directo se crean las canciones sobre loops de theremín e imagino que esto es, dentro de lo que hablamos, más fácil una vez ya tienes la canción en mente. Pero, ¿cómo es el proceso de composición con el theremín?

JAVIER: Pues hay dos tipos de temas. Los que ya tenía compuestos previamente, cuya adaptación con el theremín consiste en buscar el sonido y la tesitura adecuada para cada rol del tema. Por otro lado, están los temas que creo desde el propio theremín. En estos temas es básica la improvisación, parto de un folio en blanco y voy creando según me inspira cada parte.

Lo fundamental es estar muy alerta para desbrozar la inspiración, porque según mi experiencia lo ideal si surge la chispa es seguir grabando y expandiendo el tema. Si cortas y vuelves otro día es difícil encontrar el mismo punto. Dado que suelo trabajar de noche y con cascos, el único límite para ello es que me voy robando horas de sueño. En siguientes sesiones lo que hago es escuchar las distintas partes grabadas y ver con qué me quedo y qué deshecho. A veces deshecho el tema entero.

ALBERTO: Una vez frente al theremín, ¿el “trance” para tocar ha perdido fuerza con los años? ¿A mayor dominación menos trance o quizás todo lo contrario?

JAVIER: Todo lo contrario, hay más trance. Precisamente en mis primeros conciertos de theremín, años antes de editar el primer “Theremonial”, había más nervios que me impedían entrar en ese trance necesario para estar en disposición de poder ir encontrando más o menos las notas en el aire.

ALBERTO: ¿De quién te nutres musicalmente en la actualidad?

JAVIER: La verdad es que siempre que puedo estoy escuchando música. Ha sido así desde la adolescencia, es la verdadera gasolina que me da fuerza para revertir el cansancio o para convertir cualquier rutina en algo medianamente agradable, con lo cual esa empanada musical de décadas es de lo que me nutro por placer e inevitablemente se notará en lo que hago musicalmente.

Casi todos los días de mi vida escucho o descubro algún nuevo nombre que me gusta. Nuevo no quiere decir de ahora, es nuevo porque no lo conocía, puede ser de hace 70 años. Lo que no hago al componer es pensar en alguien o en algún estilo y tratar de hacer algo parecido o tratar de llevar mi música por un derrotero de manera predeterminada. Mi manera de componer surge de alguna melodía o secuencia que cruza mi cabeza. Entonces, si me parece lo suficientemente interesante, dejo que resuene a ver si tirando de ese hilo hay un tema.

Hay veces que me pilla improvisando o con un instrumento a mano y grabo la idea y sus variaciones pero muchas otras me pilla conduciendo o en el metro y me veo obligado a sacar el móvil y grabarme de alguna manera. Muchos de mis temas se me han ocurrido viajando en mis giras de theremín. Bien paseando por una ciudad o conduciendo de vuelta a Madrid al día siguiente.

Tengo el móvil repleto de decenas de posibles temas, algunos los oigo después y no tienen ningún sentido pero otros sí que me inspiran y los escribo o los arreglo con algún editor de partituras si va a ser para más instrumentos (como sucede con L’Exotighost) o directamente  los grabo con el theremín si son para mi proyecto personal.

Por darte algún nombre, alguien que me lleva inspirando e influyendo tremendamente desde siempre es John Zorn, no solo por su música sino por su determinación y valentía.

ALBERTO: Se aprecia que eres un músico bastante activo y productivo. No te duermes en los laureles, ni mucho menos. ¿Tienes al  tiempo muy presente? ¿Te preocupa especialmente?

Foto de javierdiezena.com

JAVIER: No me preocupa pero sí es verdad que tengo muy presente el tiempo y quiero aprovechar estos años en los que voy dando salida a todo lo que me bulle en la cabeza y que parece que va encontrando más o menos su sitio.

Nunca sabes los giros que da la vida ni si te seguirán llamando para tocar. El caso es que no me puedo quejar. Todo va saliendo de alguna u otra manera, con mucho trabajo y esfuerzo, eso sí. Creo que la constancia y la cabezonería son básicas, como dices el “no dormirse en los laureles” y, por supuesto, es fundamental el apoyo de sellos, programadores, bookers, alguna institución, público, etc.  Todos ellos, gente sin miedo a lo diferente e inclasificable  a los que estoy muy muy agradecido.

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