MERLÍN Y FAMILIA – ÁLVARO CUNQUEIRO

Historias de un extraño anfitrión. El mago Merlín, grande entre los grandes, aislado por su talento y voluntad, no rehusó brindar su atención a quién la solicitó en su puerta. Y tenía extravagantes visitas, con sus no menos insólitas peticiones de auxilio. Pero igual protagonismo adquiere aquí el territorio donde la fantasía y lo tangible consiguen tomar un solo cuerpo. Merlín estaba enamorado de las tierras gallegas en las que vivía tras sus aventuras por medio mundo, la entonces Europa medieval. Miranda se llamaba el lugar donde tenía su hogar, junto a la selva de Esmelle. Vivía con Ginebra y unos pocos allegados. Entre ellos, un mozo llamado Felipe, contratado para esto y aquello, que nos narra sus experiencias durante el tiempo que vivió junto al gran hechicero.

Álvaro Cunqueiro
– Foto de Pinterest

Álvaro Cunqueiro (Mondoñedo 1911 – Vigo 1981) fue un constructor de mundos. O, quizás, de un único mundo superpuesto a Galicia, que se confunde con su tiempo, su historia, sus caminos y vecinos. Fue un escritor que supo asimilar la tradición europea y local para arrojarlas a su propio caldero literario. Su letra, atemporal, nos cobija en parajes norteños donde las leyendas resucitan con palabras del pasado y actitud contemporánea. Estaba volcado a la escritura. Articulista, narrador, poeta y crítico gastronómico. Álvaro Cunqueiro tenía vocación.

En Merlín y familia desfilan personajes que van creando una propia mitología céltica-gallega, más allá de lo que estamos acostumbrados. Llamarán a su puerta una sirena griega, una dama hechizada, un librero errante llamado Elimas (mi favorito, sin duda), caballeros de distintos imperios, demonios burladores, enanos pajes y otras historias. Todo visto desde la ingenuidad y picardía del mozo, un niño que araña la adolescencia. Unos ojos que arden por abarcar todo ese mundo nuevo. Los ojos del lector de Cunqueiro.

Mi edición de Merlín y familia

Y es que surcamos las memorias de ese crío cuando ya es anciano. Una visión sin juzgar, de cómo él veía a su amo Merlín y a aquellos con los que se relacionaba. Un camino de aprendizaje en el que descubrimos sus propios pensamientos con los que trataba de afrontar el comportamiento de todos los demás. Su propia humildad para reconocer que aún no era nadie ni conocía apenas el mundo en el que vivía. Esto recuerda mucho al Lazarillo de Tormes. Pero también a otras novelas actuales con el binomio aprendiz-maestro. Por decir un par de ejemplos, son los casos de Iñigo Balboa en Las aventuras del Capitán Alatriste de Arturo Pérez-Reverte o Walt en Mr. Vértigo de Paul Auster. Incluso apuntaría, si prefieren lo realmente clásico, a los Diálogos de Platón y Sócrates. Y es irse lejos. Toda una ocurrencia que ha funcionado a través de los siglos y del que se sirve este autor para llevarnos a través de sus historias.

Representación de Merlín en su estudio
– Foto de Pinterest

Además Cunqueiro hace gala de su amor al lenguaje, de ahora y de entonces, del castellano, gallego, anglosajón y franco. Todo queda bien atado, enraizado en sus etimologías. Adapta una escritura que fluye en la actualidad pero que respeta las referencias de antaño. Todo un reto. Un paralelismo perfecto lo aprecio cuando el protagonista recuerda como le gustaban unas lámparas de su amo, las cuales al iluminarlas recortaban escenas del Quijote. El tiempo hecho un nudo mágico con “todos los caminos del trasmundo”. Como bien sabía hacer el gran Merlín.

Arranca la novela narrando:

“Ahora que viejo y fatigado voy, perdido con los años el amable calor de la moza fantasía, por veces se me pone en el magín que aquellos días por mí pasados, en la flor de la juventud, en la antigua y ancha selva de Esmelle, son solamente una mentira; que por haber sido tan contada, y tan imaginada en la memoria mía, creo yo, el embustero, que en verdad aquellos días pasaron por mí, y aun me labraron sueños e inquietudes, tal como una afilada trincha en las manos de un vago y fantástico carpintero. Verdad o mentira, aquellos años de la vida o de la imaginación fueron llenando con sus hilos el huso de mi espíritu, y ahora puedo tejer el paño de estas historias, ovillo a ovillo. Cuando de obra de nueve años cumplidos por Pascua Florida, con la birreta en la mano, me acerqué a la puerta de mi amo Merlín, ¿quién diría que me la iban a llenar, la gorrilla nueva, de las más misteriosas magias, encantos, inventos, prodigios, trasiegos y hechizos?”.  

Disfruten del viaje, futuros lectores.

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