GRETA EN SU LABERINTO – NEREA RIESTRA

Hay un ánimo que ondea como una llama en mitad de un bosque inmenso. Algo que podría arrasar o pasar desapercibido. Se trata de abandonar todo cuando se siente un vacío interior y deambular en las nocturnas calles de un mundo que se desconoce. Un mundo distópico interconectado pero de mera supervivencia para la mayor parte de la población. La excusa para ceder a ese impulso puede ser encontrar a alguien, como parece el caso de Greta, la protagonista. Una búsqueda, el motor de tantas historias. Pero aquí todo resulta confuso. ¿Y si ese alguien no quiere ser encontrado? Hay señales. A veces, las víctimas de algo solo lo son en los ojos del que las mira.

Nerea Riestra –
Foto por abc.es

Blanca Riestra (A Coruña, 1970) es una escritora preocupada por su tiempo. Vierte esa mirada tensa en esta obra, desarrollando una sociedad distópica en la que los individuos se hayan subyugados al desarrollo tecnológico. Con esta novela ganó en 2015 el premio de narrativa Torrente Ballester, en base a su <<fuerte carga crítica>> sobre la situación contemporánea que podría arrastrarse en el futuro hacia los episodios que ella dibujó en esta obra.

El escenario postapocalíptico que se contempla durante la novela es muy visual. Por un lado, hay contraste entre lo rural, vaciado y defendido por sus habitantes con violencia, y lo urbano, sofocado de llegadas masivas de personas que no saben qué encontraran. El cielo, común a todos, es compartido por la red de redes que controla todo lejos del alcance del grosso de usuarios y mantiene un halo de aurora boreal artificial durante la noche. En las calles la cosa está difícil. Caravanas de personas arrastran sus pies y pocas pertenencias buscando, siempre buscando. Puede faltar comida y mínimos, pero no enchufes ni conexión a la gran red. Una mínima clase privilegiada disfruta de celebraciones ostentosas para omitir la vida y sus  consecuencias. Allí, en la clase más desapegada, encontrará su razón el camino de Greta, despertando de las ideas preconcebidas, de la infancia rural, de la supresión de los instintos. ¿Y si ella fuese como otros que no imaginó? ¿Y si su autoconocimiento se extinguiese con la facilidad de un soplo? ¿Qué quedaría de ella? ¿Acaso una bolsa de humo como la que tantos levantan al caminar por las devastadas calles?

Mi edición de alianzaLiteraria –
Foto por Alberto Revidiego

Los capítulos son breves, empujando al siguiente de manera cíclica y adictiva. Aunque una gran parte de la fortuna de esta novela radica en lo que no se dice. La propia narración tiene saltos, cortes muy pensados para que el lector una la línea de puntos. Ir deduciendo e imaginando lo que va pasando entre escenas es otra forma de integrarse como lector en la historia. Somos uno más allí dentro. Sabemos elementos que no necesitamos leer. La novela se completa con los silencios como una partitura.

La publicación de esta novela estuvo a cargo de Alianza Editorial, con un buen  formato y portada (el uso de una contrapicado entre un conglomerado de pisos que desembocan en la negra noche me parece un acierto altísimo, teniendo en cuenta la atmósfera que se respira en la historia). Pero debo confesar que no estoy de acuerdo en absoluto con la sinopsis que le hicieron. La venden como algo que no es, la recrean en imágenes de batalla y vampirismo que podría comprar Hollywood, pero desvirtúan al completo su historia y esencia, bajo mi humilde punto de vista. No van por ahí los tiros, genera confusión y podría decepcionar a lectores desprevenidos. Mejor NO leerla, omitirla, imprimir una foto de Blanca Riestra o esta reseña misma  y pegarla sobre la contraportada. Creo que a nadie le gusta que le bailen con las palabras para confundirlos. Si no fuese una buena historia, original en su estructura y sus planteamientos, yo mismo la hubiese desterrado de mi memoria. Por suerte, se arregla con un poco de pegamento.

Arranca la novela narrando:

Habían nacido en un tiempo no mejor pero tampoco peor que otro pasado. Educados en un caserón, entre gruesos árboles tan verdes que parecían negros, Jon y Greta tenían la gracia arrogante de la juventud. Como príncipes, llamaban a su pueblo Nación y creían que este merecía que matasen y muriesen por él. Tal convencimiento los dotaba de fiereza, hacía firme el paso con el que se dirigían a un lado u a otro, atareados en pequeñas preocupaciones de avituallamiento.

O quizás habían nacido en una época de error, una época que se prolongaba frente a los embates de los bárbaros. Acosada por todas partes, Nación tenía pocas posibilidades de subsistir.

Disfruten del viaje, futuros lectores.

Deja un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s